Fingir en el sexo es muy difícil [Vídeo]

biosexualidad Mar 18, 2022

¡Bienvenido sincretista!

En este vídeo tu y yo nos vamos a sincerar y te voy a contar porqué muchas veces optamos a la gran paleta de los fingimientos, y cuales son las causas que nos llevan a ello.

Porque hay un fingimiento social especialmente triste. Y es el fingir en el sexo.

Sí, seamos sinceros. Entre tu y yo, ahora que no nos escucha nadie de nadie. Hemos fingido unas cuantas veces. Han sido actuaciones espectaculares, de oscar.

Pero no, no era un orgasmo.

No, no era la pura expresión del éxtasis.

No, no era la liberación de la energía sexual en un apoteósico y sublime clímax.

Era otra cosa.

Eran otros motivos que en este vídeo te resumiré en uno solo.

Ah, y sobre todo, en este vídeo, te enseñaré a ponerle solución a ese triste hábito.

Así que ¡acompáñame!

[He grabado el artículo en vídeo, por si prefieres verme a mi en lugar de leer!]

 

Sí, fingimos muy mucho.

No es una novedad, las personas no solo fingimos sino que abiertamente mentimos.

Una persona puede mentir casi de forma compulsiva como una forma, no solo de preservarse en la intimidad, sino como un fin para conseguir cubrir sus necesidades, tanto básicas como sociales.

Fingir es un atributo de la propia madre del ser humano.

Para poder fingir, el niño tiene que tener primero identidad y luego elaborar un lenguaje expresivo programado para satisfacerse. Mentimos para preservar nuestra seguridad, para preservar nuestra intimidad y para satisfacer nuestras necesidades. Pero sobre todo mentimos para no ser rechazados. El rechazo nos predispone a ser excluidos del banquete donde podemos abastecernos. De ahí que el sentimiento de rechazo sea tan doloroso y el cual tratamos de evitar a toda costa.

El problema es que, para contrarrestar el miedo al rechazo, elaboramos una imagen de lo que el otro quiere de nosotros y así nos predisponemos a no ser rechazados. Eso implica no sólo observar lo que el otro (o los otros) esperan de nosotros sino que implica crear una dualidad en nosotros: saber lo que es verdad y lo que no.

Eso, en una primera instancia, parece fácil.

Creamos así la intimidad: un yo escondido que se mantiene encerrado ante el miedo a ser rechazado y que elabora una máscara que cumple con las expectativas.

Ello lo hacemos desde bien temprana edad para no ser rechazados por la madre y complacerla para recibir alimento, gratificación, amor y protección.

Ese es el momento cuando tomamos contacto con lo bueno y lo malo.

No, no como un concepto moral, sino como la clasificación estructurada y elaborada de lo adecuado o no para ser aceptado y poder recibir, por lo tanto, una identidad que pueda ser alimentada, sostenida y protegida.

Por lo que al construir esa dualidad empezamos a tener una valoración propia de esa dualidad.

Nuestra intimidad es real y profunda.

Nos conecta con nuestra parte más esencial y es marcadamente sentida y vivida como identidad. Pero aún así, empezamos a despreciarla por no solo carecer de utilidad para conseguir afecto y amor, sino que nos alerta de la dualidad que sostenemos. Es decir, nos advierte de la falsedad de la máscara que hemos construido y sobre la cual depositamos el deseo de hacerla nuestra verdadera identidad.

Así pues, cada vez nos identificamos más con la identidad elaborada y rechazamos la identidad real de nosotros mismos.

Hasta que, a través de la etapa adulta que se enmarca en la necesidad de apoyos ya no sólo de la madre, sino de un amplio espectro de la sociedad, olvidamos o relegamos al olvido nuestra intimidad. Una intimidad con la cual solo tenemos contacto cuando nuestra imagen proyectada al exterior falla. Y, ese fallo, nos sumerge en un encuentro con nuestro interno íntimo que se convierte en un encuentro con el vacío y el rechazo, pues llegamos a ese lugar huyendo de la estructura idealizada que nos ha fallado.

Así pues, la mayoría de nosotros no tenemos una buena relación con nuestro interno, aunque pocos lo sabemos, pues pocos contactamos con él.

Y ahora viene lo bueno: ¿qué ocurre en la sexualidad?

Pues que esto que te he contado no ocurre.

Porque es dificil fingir en el sexo.

Y eso es así porque al ser la sexualidad no sólo un acto corporal sino un acto que precisa de placer, relajación, apertura, afecto e intimidad, el fingimiento nos es, no sólo visible, sino que nos delata en nuestra falta de honestidad.

El cuerpo sexual suele, no solo ser sincero, sino que al estar ligado a impulsos emocionales de placer o displacer, además nos revela la falsedad de nosotros. Es por ello que nos sabemos fingiendo.

Por eso en las relaciones sexuales puedes saber con bastante honestidad cuáles son tus emociones, pues la relación de la piel, el contacto, las secreciones corporales y la intimidad están muy ligadas.

El acercamiento físico es un acercamiento a la intimidad.

Ahí podemos notar si ese acercamiento a la intimidad nos gusta o no. Si es rechazada o, al contrario, es bienvenida.

Y es ahí, en ese lugar, cuando la necesidad de fingir cobra verdaderamente importancia. Pues ante la visión de nuestra verdadera emoción se nos hace imperiosamente importante que no sea descubierta para no entrar en la emoción del rechazo.

Es por ello que muchas veces nos cuesta tanto entrar en una relación sexual no sólo desde la sinceridad, sino también desde la intimidad.

Es esa misma intimidad que rechazamos por considerarla no apta, débil, pueril e inadaptada a la sociedad y a las capacidades de conseguir atraer y alimentar.

Y aquí hago un pequeño paréntesis:

Si crees que lo que estoy comentando del fingimiento se dirige solo a las mujeres…. ¡error!

El fingimiento no está relegado a las mujeres ni mucho menos.

Los hombres también lo hacemos. Tratamos de dominar ese espacio de intimidad huyendo de él, buscando un contacto con el cuerpo desde la pura reactividad de la tensión y la excitación. Perdemos el contacto emocional en esos lugares pues, no sólo nos dificultará el mantener la estructura que nos hemos montado, sino que quizás nos hablará de otra sexualidad más nutritiva.

Cierro el paréntesis, y aprovecho para que sientas si este vídeo te está gustando…. y para  suscribirte a mi canal. Porque… si te gusta, ¿por qué perderte todo lo que voy a ir contándote?

Así pues, al relegar nuestra identidad a la intimidad y aislarla la hemos mantenido retenida e inexpresiva.

Y por lo tanto no se ha desarrollado, sino que se mantiene aletargada desde el momento en el que la apartamos de la vida social y sigue sin gestión, sin adquirir resoluciones comunicativas y sin madurar.

Así pues, muchas veces nuestra intimidad es frágil, torpe y confusa, llena de dudas, vergüenzas y miedos.

El trabajo es retomar lo que se dejó a medias.

Y eso no es fácil pues hemos adquirido una estructura, una máscara y cuesta mirar hacia atrás, cuidar y respetar el lugar real del yo, tenerlo en cuenta y otorgarle la autoría de nuestro estado emocional real.

El trabajo pasa por la honestidad sincera de la propia vulnerabilidad y someterse a las necesidades de la intimidad para así, a través de la manifestación y la expresión, pueda madurar y desarrollarse, proporcionándote un auténtico escenario de identidad genuina. Y ahí el encuentro sexual será un encuentro con una intimidad poderosa, honesta y sabia.

Sólo de esta forma podrás acercarte a una sexualidad fluida, llena de placer y beneficios añadidos, como pueden ser el contacto con el otro, el contacto contigo [email protected] y la liberación de tus sentimientos internos, sean los que sean.

Tener una sexualidad íntima y sana es un indicativo de una buena salud personal.

Disfrutar de un orgasmo, una eyaculación, de un roce, de los besos, las caricias, estremecerse del roce de los cuerpos, del contacto de las miradas…. es signo de una buena relación con tu intimidad, pues en ese lugar te estás relacionando con la intimidad del otro.

Cómo decía uno de mis maestros Ronald Fuchs:

"Qué bueno es el roce de dos cuerpos, que maravilla es el roce de dos corazones, pero si le incluimos el roce de dos almas elevamos la sexualidad a una experiencia sanadora casi espiritual”.

Y hasta aquí el vídeo de hoy, suscríbete a mi canal si te ha gustado el vídeo, dale a like y activa la campanita de notificaciones, así no te perderás ninguno de mis nuevos vídeos. ¡Ve por la sombra!

Un abrazo,
Gerard

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