Orgasmo: las 2 maneras de tener uno [Vídeo]

biosexualidad Jan 07, 2022

La mejor forma de tener un orgasmo es olvidándote de él.

Pues muchas veces tener un orgasmo se ha convertido tanto en una prioridad para sentir que la relación sexual es satisfactoria, que eso mismo nos genera presión y tensión. Por lo que, no solo terminamos no disfrutando del sexo, sino que tener un orgasmo se hace más cuesta arriba.

En este vídeo te explicaré qué diablos nos está pasando y por qué todos los extremos son poco armónicos. Así que acompáñame en mi autocaravana y te enseñaré cómo caben tantas cosas en algo tan pequeño.

[He grabado el artículo en vídeo, por si prefieres verme a mi en lugar de leer!]

Entiendo perfectamente el estupendo recorrido hacia la apertura sexual que empezó por allá los 60. Y entiendo también la liberación sexual de hace unos años en el que las mujeres y las personas diversidad sexual están experimentando su expansión y se están resituando en el panorama social.

Ahora bien, hay cosas que se pasan de frenada. Así como todo en la vida, la ley del péndulo también se aplica a esta situación.

Así pues, siento que si bien antes éramos 'coitocentristas' fruto del exceso de patriarcado, hoy en día, estamos haciendo un giro hacia el 'orgasmocentrismo'.

O, lo que es lo mismo, otro centrismo más que tiene el riesgo de volverse poco inclusivo. Y como te explicaré en este vídeo... todos los centrismos son extremismos y por lo tanto... ay ay ay... que volvemos a echarle leña a nuestro coño.

 ¿Qué es el orgasmo?

Pues nada más allá que una expresión más del placer y una herramienta maravillosa para empoderarse sexualmente a través de ello.

Ahora bien, muchas veces me veo escuchando como el orgasmo se ha convertido no sólo en eso, sino en una exigencia y en una necesidad para sentir que el acto sexual, sea el que sea, ha sido "placentero".

Es decir, que lo que hace que me sienta o no empoderado es que consiga tener un buen orgasmo. Bueno uno... si son más, mucho mejor. ¡Bueno! Ya si accedemos a la multiorgasmia estamos hablando de palabras mayores, un portento del placer sublime y de la naturaleza. Eso sí es una mujer empoderada ¡y lo demás son tonterías!

Tener orgasmos uno tras otro cual locomotora es la base para una buena sexualidad... Y eso [email protected] [email protected] ¡es más falso que el papel pintado!!

Mientras te sigo hablando y sigo escandalizando a feministas extremistas y a conejitos de pilas duracel, no olvides suscribirte para no perderte mis perturbadores vídeos relacionados con temas masturbadores.

Y es que estamos metidos en un buen lío.

Una parte de la sociedad está tratando de recuperar el tiempo perdido en siglos de patriarcado impuesto, y está recuperando el poder femenino que le ha sido arrebatado durante siglos de yugo a todos los niveles, incluso en la alcoba.

Ah, como fiel reflejo de la gloria y el poder del pene por encima de la vagina, el sexo era simplemente 'coitocentrista', es decir, que lo único verdaderamente importante entre las sábanas era meterla y depositar nuestra semillita en su flor.

Eso, claro está, muchas veces excluía cualquier atención hacia la flor. Es más, se veía con cierto agrado una pequeña (o no tan pequeña) dosis de resistencia, pues cual bestia... eso empalmaba más. Porque, en nuestros fueros internos, la actividad sexual no era más que una caza más, una guerra más que había que ganar (quizás fruto del enorme miedo a ser desposeído de su poder).

Sea como sea, la cuestión es que la humanidad fue creciendo frondosa entre inseminación e inseminación. La forma de conquistar los pueblos era inseminando a "sus" mujeres ¡eso es ganar por encima de otro macho sí señor! Es decir, el 'machocentrismo' era una exigencia de la superviviencia del más fuerte.

Gracias a San Espinete, las cosas han mejorado un poco y las guerras de conquista dejaron de ser tan importantes.

Y así, la mujer pasó a ser relegada a la servidumbre del hombre, a hacerle la vida más fácil. A que se sintiera cómodo en el hogar para que no lo abandonara y así abastecerlo, cuidarlo y criar su descendencia.

Así también, para seguir sintiéndose el “guerrero” importante y viril, apareció la necesidad de sentir que era un pilar central para la mujer. De que le hacía llegar a las estrellas a través de un buen orgasmo. Entonces, si la mujer no tenía orgasmos (que no solía tenerlos, pues lo importante seguía siendo complacerlo a él), pues entonces el fingirlos se convirtió en algo habitual y loable para ella.

Y en eso estamos muchos aún.

En ese fingimiento tácito en el que el orgasmo se convierte en una moneda de cambio, de nuevo hacia el hombre, para ser tomadas y agasajadas y que el macho que se enfile sumisamente y sin saberlo el camino del redil y el sutil sometimiento.

Y aquí me paro y pregunto: ¿quién no ha fingido un orgasmo? Si te atreves a decirlo, déjalo en un comentario en el vídeo.

Ese es un secreto a voces del que los hombres somos conscientes. Pero... "¡nunca me ha pasado a mi! ¡Yo sé cuándo una mujer se corre de verdad!"

Ay... angelitos...

En fin, que el hombre vive de esos fingimientos tácitos para no tener que encararse con los problemas de una relación insatisfactoria.

Pero, volviendo a las mujeres, algunas tratan de dejar atrás esa etapa y empoderarse de su propio orgasmo. Quieren que ya no sea una moneda de cambio sino una expresión sincera del propio placer. Ese es el trabajo, devolver al orgasmo al lugar que le corresponde que es puramente una expresión personal del placer sexual.

Y eso me parece maravilloso.

Dejar a un lado los fingimientos suena muy bien, dejar de utilizarlo como una moneda de cambio también, entender que el orgasmo es un derecho individual es genial. Ahora bien... sin que lo volvamos una exigencia para corroborar todas esas cosas.

¿A qué me refiero?

Pues que a pesar de que estamos evolucionando sexualmente, también le estamos exigiendo al orgasmo una interacción obligada en toda relación sexual. Se convierte en una afirmación y una imposición a la sexualidad sana o, cuanto menos, de un buen polvo.

Y eso no debería ser así. Es más, tal como te exiges un orgasmo, en la misma medida estás más lejos de conseguirlo.

El orgasmo es una expresión del placer. Sí, una pero no la única.

Dejemos eso claro de entrada, que parece que si uno no se corre, no ha sentido placer ni ha sentido ‘na’... Y eso, perdónenme ustedes, me recuerda al 'penecentrismo' o al 'lechecentrismo'.

En la sexualidad femenina hay un espacio muy grande reservado al orgasmo y, sin embargo, tratar de tener un orgasmo nos aleja de él.

Es muy parecido a cuando un ser humano con pene quiere tener una erección: se centra en ver si el ganso levanta el cuello y se olvida del placer que es el que hace eso posible.

Pero volvamos al orgasmo. ¿Es similar? ¡Claro que sí! El clítoris también tiene una erección, mucho más imperceptible, pero también se calienta, se abre, se levanta y vibra con ganas de "eyacular" es decir, de explotar en un orgasmo.

Pero si tu preocupación es tener un orgasmo, toda esa excitación se va, todo ese recogimiento hacia tu placer se diluye. Y entonces te asemejas más a los hombres que hemos querido dejar a un lado que a una mujer empoderada sexualmente.

Para que el orgasmo sea un bienvenido habitual en tus actos sexuales no puede ser una exigencia, pues entonces se hace mucho más difícil tenerlo. El orgasmo es una expresión del placer, pero no puede ser ni una imposición ni ser la única expresión del placer.

¡Ahora bien!

Hay una forma de tener orgasmos aunque no quieras. ¡Si señora!

Hay dos formas de tener un orgasmo:

desde la relajación o
desde la tensión

Desde la tensión es el más común. No hay más que estimularse y contraer, tensar y tensar un poco más, sentirlo como algo inevitable y estimularlo rápida y frenéticamente hasta obligarse a explotar en un orgasmo eléctrico, tensional y desvitalizante.

Bien, es cierto que podemos hacer eso con nuestro propio clítoris. A fin de cuentas imponer y forzar lo hemos aprendido del patriarcado, no es algo que nos venga de nuevas. Incluso he escuchado mujeres que hablan de la actividad sexual como una lucha de poder, de forcejeo y de tensión.

Si eso te suena, atenta porque de ello hablaré en un próximo vídeo.

¿Y desde la relajación?

Así como puede haber una erección desde la relajación, también hay un orgasmo desde ese mismo sitio. Un orgasmo que abre las piernas, que abre la mente, el cuerpo y el corazón y que, en lugar de dejarte exhausta, te deja llena de vitalidad.

Para ello el orgasmo no debe ser de obligado cumplimiento, sino un regalo que no se exige, que no se espera pues la relación en sí misma te está resultando lo suficientemente disfrutable y placentera como para estallar en él.

Obstinarse en el orgasmo nos aleja del aquí y el ahora. Y quizás eso es precisamente lo que queremos:

irte a la mente para que esta active el cuerpo,
eludir la relación presente,
no estar en mi, sino en el otro,
simplemente no estar, o
exigirte a estar en un lugar en el que ni siquiera quieres realmente estar.

No lo sé, eso dependerá de tus gestiones y tu propia sinceridad. Pues el orgasmo desde la relajación, aquel que te hace sentirte más viva, está conectado con tu espíritu, con tu forma más genuina. Es desde esa sinceridad donde pueden sucederte cosas buenas.

Es esta gestión y sinceridad la que ayudo a aflorar a todos los que ya se han unido al curso de Biosexualidad.

Debemos llevar al orgasmo a un lugar sano y nutritivo pues, sea como sea, tratar de tener un orgasmo de forma obsesiva no sólo no tiene ningún sentido o beneficio, sino que puede ser una fuente de insatisfacción que nos aleje aún más de él.

Olvídate del orgasmo.

Ten sexo nutritivo y placentero.

Y el orgasmo te encontrará a ti.

Así de sencillo.

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¡Hasta lueguito!,
Gerard

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