Sexualidad a los 40: más allá del 'conejito de pilas incansable' [Vídeo]

biosexualidad vídeos Jan 26, 2022

Vamos a ver. Seamos claros.

No eres un conejillo de pilas Duracell. Pero es que ya tenemos una edad para la cual no tiene sentido vivir el sexo como si cabalgáramos una potra tratando de domarla.

Así que te voy a alegrar el día:

querer aguantar como un jabato y reventar a ‘polvazos’ hasta que nuestro amante nos suplique basta, es una auténtica majadería infantil.

En este artículo te explico cómo congeniar de forma armoniosa tu estupenda madurez con la tranquilidad de no tener que ser una ‘máquina del sexo’.

Si aún estás en la cúspide de tu necesidad ‘penecentrista’, sigue mirando, para que así, cuando llegue el momento, ya tengas aprendida esta lección.

Así que, sin más "preámbulos", vayamos a descorchar este dilema existencial.

[He grabado el artículo en vídeo, por si prefieres verme a mi en lugar de leer!]

Aún recuerdo mi juventud, maravillosa, llena de vigor y entusiasmo, supurando testosterona por los cuatro costados y sintiendo que ello me llenaba de deseo cazador y de placer absolutos.

Obviamente esto es toda una falacia. A veces recordamos la juventud como esa época dorada en la que nos sentíamos los dueños y soberanos del mundo.

Pero no. Los dos sabemos la verdad.

La mayoría de nosotros tratábamos de recibir la aprobación necesaria para consolidar esa imagen en un comportamiento real. Pero por dentro seguíamos siendo niños, llenos de angustias y necesidades nerviosas, lagunas tremendas y un terrible miedo a la incertidumbre del futuro.

Y, sobre todo, en esa juventud lo que tratamos de vender por encima de todo fue nuestra sexualidad.

Nos hacíamos los machos, los fogosos, los depredadores, los sobrados. Bueno, algunos nos lo hacíamos y otros aspirábamos a ello.

Esa seguridad que nos empujaba a ser los dominantes, a que cayeran rendidas a nuestros pies, deseando probar nuestra miel… ¡Dios! Sí, esos eran tiempos oscurantistas sin duda, donde el exceso de testosterona - o la necesidad de aparentar tenerla- nos hacía unos descerebrados.

Bueno, ahora mismo lo hacemos a la par tanto hombres como mujeres, así que no nos deberíamos sentir defraudados. Hemos creado escuela. :S

¿Y por qué esa manera de actuar?

Pues para ser aceptados.

Andábamos en esas cosas para ser aceptados por los clanes, para tener un lugar y para sentir que no perdíamos la carrera en post a la madurez, sino que dábamos la cara, arremetíamos contra nuestras inseguridades y nos lanzábamos a pelear por un pedazo de lugar.

Y también para ocultar.

Y lo que más tratábamos de ocultar era el concepto "nenaza". Es decir, todo aquello que pudiera ser atisbado como sensibilidad, sencillez, candidez y sensualidad. Vaya, resumiendo, que era nenaza todo aquel que pudiera parecer una mujer. Y, o bien era gay - por lo que se le consentía, en el mejor de los casos, cierto margen- o era rápidamente empujado a dejar esos lugares de debilidad que le impedían comerse la vida.

El mayor orgullo de un macho ‘machísimo’ era llevar la pareja al éxtasis y seguir cabalgando incansable, buscando el santo grial de la conquista, la constatación de la sumisión total y la rendición a su empuje.

Claro está, no se nos ocurría preguntar qué le parecía ese teatrillo a nuestra pareja sexual. ¡No fuera el caso que pusiera alguna objeción! O quizás simplemente no teníamos la más mínima intención de darle importancia. Pues eso denotaría una inseguridad o un interés por mejorar que no nos podemos permitir. O quizás... quizás estábamos convencidos de que ese era el camino de héroe, el camino correcto.

Porque el hombre tiene que nacer aprendido.

No puede dudar, no puede preguntar, no puede explorar. Tiene que ser el que capitanea la nave, el que levanta el mástil, el que guía el timón, seguro y dominante.

¿Cuántos hombres encajan en esos conceptos?

Gracias a Dios, muy pocos.

Ahora bien, vayamos al meollo de la cuestión.

¿Y ellas qué? 

Quiero decir: ¿tienes p*** idea de cuál es el resultado de esa manera de hacer?

Aquí, y para ponerte en antecedentes, te digo: soy terapeuta sexual, llevo más de 15 años escuchando casos y más casos. Y tengo que decirte una cruel verdad:

No, las mujeres no disfrutan de tu gimnasia repetitiva y agotadora.

No, las mujeres no sienten que les llevas al éxtasis, sino al aburrimiento.

No, las mujeres no te ven como un macho, sino como un egoísta pendiente sólo de su propia virilidad.

No, las mujeres no quieren que les revientes el coño hasta escocerlas con tu cabalgada.

 

Bueno, ante esto debería también contarte algo.

La mayoría de mujeres, fingen en esos momentos. Cuando te ven ahí ‘to concentrao’ en tu fuelle constante, sin tocar, acariciar ni atender otras partes del cuerpo... pues empiezan a pensar en cosas como por ejemplo:

¿por qué diablos sigue ahí?

¿por qué no me besa y cambiamos a otro lugar más cómodo?

¿por qué siento su fuerza pero no su deseo?

¿por qué me parece que está follando conmigo pero que podría ser cualquiera en ese momento?

En ese momento tocan los gemidos como solución a: "o me corro o este no va a parar".

Y ete aquí que llega, misteriosamente, un sublime y apoteósico orgasmo. Lo suficientemente visible e histriónico como para no hacerte dudar de que es lo que estabas buscando. Tu santo grial ha llegado a su fin, y finalmente te relajas un poco y decides parar la marcha.

¡Ni de coña Gerard!

Yo sería capaz de saber cuando una mujer se corre (risas). Ok, ok, sigue en tus mundos de yupi.

Sigamos.

El problema es que, ante esa afirmación tan rotunda, suscitada por la capacidad de fingir un orgasmo, los ‘machirulos’ sienten que son la ostia. Y en el siguiente encuentro sexual vuelven a irse al sota, caballo y rey. Total, eso ya funcionó, ¿no?

Perpetuamos a los malos amantes porque no somos [email protected] y no nos imponemos para decir que el sexo con una mujer no es sólo polla y coño, sino que hay todo un cuerpo para disfrutar, sentir y degustar.

Por ello, a medida que nos vamos haciendo mayores y, especialmente, si somos lo suficientemente perceptivos como para hacer un trabajo personal con nosotros mismos, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos.

Vemos que la táctica del conejito de pilas no era ni funcional ni satisfactoria para ninguno de los dos. Desde ahí nos permitimos explorar una sexualidad menos ‘coitocentrista’ y más periférica, más placentera y sensitiva.

En otros vídeos te hablo de cómo encontrar una sexualidad estable y placentera abriéndonos a la posibilidad de una sexualidad menos genital.

Sin embargo, en este vídeo de hoy quiero hacerte notar que no eres un conejito incansable. Eres un ser humano que siente por todo el cuerpo, que tiene ganas de sentir las sensaciones por todo el cuerpo en un encuentro sexual. Que desea sentirse liberado y fusionado con el placer y que, de alguna forma, todos esos conceptos juveniles no son más que patrañas que nos dejan con unas experiencias bastante insatisfactorias en nuestro despertar sexual.

 

¿Sí? ¿Sientes esa sensación? Bien, estás en el buen camino.

 

Y, si me dejas acompañarte en este camino, no te olvides suscribirte, darle al like y activar la campanita de notificaciones.

Descansa y toma vitaminas.

Un abrazo,
Gerard

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