Egoismo y colaboración en relaciones de pareja [Cuento en vídeo]

fábulas Jan 14, 2022

Hoy te quiero contar un cuento.

Quizás ya lo conozcas. Quién sabe. Es un cuento jasídico.

[He grabado el cuento en vídeo, por si prefieres verme a mi contándolo]

¿Sabes qué son los cuentos jasídicos? Pues acompáñame a mi pupitre y te mostraré la madriguera de conejo.

Los cuentos jasídicos es un tipo de literatura religiosa desarrollada por los maestros que tratan de enseñar y transmitir las doctrinas jasídicas.

¡Ostia Gerard, eso suena muy random!

Bueno, no te me asustes que hay muchos cuentos que has escuchado que son de la tradición jasídica y no te has enterado.

El movimiento jasídico promueve la idea de tener siempre presente a Dios en todos los aspecto de la vida, a través de la oración y alegres cánticos. Este movimiento de integración total de la espiritualidad en la vida de los judíos creció rápidamente, especialmente en Europa. Además, fue una de las últimas revoluciones espirituales del pueblo judío, ya que en este movimiento se pudo aunar una nueva sentimentalidad religiosa con un tipo de comunidad y autoridad. De esta manera, se ofrece a la comunidad una forma de religiosidad y realización espiritual capaz de transformar su vida.

Este movimiento religioso generó un gran caudal de literatura muy influenciada por la mística cabalística, que, aunque en principio se desarrollaba de forma oral, pronto pasó a perpetrarse sobre el papel para poder difundirla de forma exacta. Evitaban así que estas enseñanzas pudieran ser tergiversadas por movimientos contrarios al jasidismo, como fue la haskalá.

Pero no me voy a liar a hablarte de nada de eso, vamos a lo que vamos.

Los cuentos Jasídicos.

Este tipo de cuentos son famosos más allá de la cultura jasídica, y sus enseñanzas morales, éticas y religiosas han sido base para otras culturas religiosas y espirituales, como el cristianismo y la sociedad europea y americana.

Y aquí es donde nuestro protagonista hace su aparición.

Este cuento - y muchos de los cuentos jasídicos - tratan de educar en la moral del bien común, la bondad, y la conciencia de la comunidad cooperativa y toda una serie de valores muy entroncados en las enseñanzas del judaísmo, y más concretamente de la cábala.

Así pues, ahí va el cuento:

Un rabino mantuvo una conversación con el Señor (véase Dios) acerca del Cielo y el Infierno.

Y, al final, el Señor le dijo: "Ven, te voy a mostrar el Infierno".

Bueno, dicho así, cualquiera se niega a escucharlo, así que Dios lo condujo a una habitación en medio de la cual había una mesa redonda muy grande.

La gente sentada a su alrededor estaba hambrienta y desesperada. En medio de la mesa había un gran puchero de cocido madrileño, de esos con sustancia, buenos garbanzos y un olor de esos apetitosos.

El cocido era lo bastante grande como para alimentarlos a todos y que todavía sobrara. El olor del cocido era delicioso y al rabino se le hizo la boca agua. La gente sentada alrededor de la mesa sostenía cucharas con mangos muy largos.

Cada uno de los sentados descubría que era posible llegar hasta el puchero para tomar una sola cucharada de cocido, pero como el mango de la cuchara era más largo que el brazo de la persona, no podía llevarse la comida a la boca. Y, por lo tanto, no podían comer.

El rabino se dio cuenta de que el sufrimiento de aquellas personas era terrible.

"Y ahora te mostraré el cielo", dijo el Señor.

Y entraron en otra estancia exactamente igual que la primera. Allí estaba la misma gran mesa redonda y el mismo puchero de cocido. Las personas también estaban equipadas con las mismas cucharas de mango largo. Pero aquí la diferencia es que estaban todas bien alimentadas y rollizas y reían y hablaban entre sí.

Al principio, el rabino no podía comprenderlo.

"Es muy sencillo, pero exige un poco de habilidad” -dijo el Señor -. “Ellos han aprendido a alimentarse los unos a los otros."

Una de las cosas que trata de decirnos este cuento es la importancia de la cooperación en detrimento al egoísmo.

Muchas veces, en las relaciones de pareja, tratamos de mirar por nosotros. Cuando discutimos nos defendemos. No tratamos de llegar a acuerdos colaborativos para poder abastecernos mutuamente, sino que nos empeñamos, bien por miedo o por ignorancia, en seguir abasteciéndose, auto protegiéndonos y, en definitiva, aislándonos del apoyo.

Quizás sentimos que la autoestima es poder hacerlo todo: poder darnos todo lo que necesitamos, ser absolutamente autosuficientes, no necesitar nada de nadie.

Y, a veces, confundimos el apego con el apoyo, la ayuda y la colaboración. Estamos cada vez viviendo en una sociedad más individualizada, introvertida y profundamente enraizada en la imagen de autosuficiencia.

Sin embargo, no es cierto que podamos todo.

No es cierto que debamos ser omnipotentes.

Ese exceso de orgullo nos llevará al famélico vacío emocional y al agotamiento de la necesidad constante de poder y la nula capacidad de ser y apoyar. A veces en las relaciones, tenemos comportamientos simplemente egoístas que, enmascarados con el concepto del “yo primero”, nos llevan a un infierno egoico de constante exigencia y frustración.

La generosidad colaborativa, tanto en la relación de pareja como en tu vida social, implica confiar y abrirse a expresar tus necesidades y escuchar las del otro.

Quizás desde ahí puedas nutrir y ser nutrido. La soledad suele ser un sentimiento muy común a esa falta de colaboracionismo, pues la mayor soledad que existe es estar rodeado de personas y, sin embargo, ser incapaz de comunicar tus sentimientos, bien por un fallo del receptor o del emisor.

En esos lugares, en esos infiernos… sólo se puede decir ‘sayonara baby’.

Y este es el cuento de hoy.

Si tu interpretación de este cuento es diferente de la mía, respóndeme este email. Y, sea como sea, no te olvides suscribirte, darle al like y activar la campanita de notificaciones.

Porque más de estos cuentos esperan pacientemente salir de mi cajón de terapeuta.

Un abrazo,
Gerard

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