¿Porqué las mujeres empoderadas intimidan a los hombres? [Vídeo]

biosexualidad Sep 29, 2021

 Hay algo muy paradigmático en esto.

A los hombres nos gustan mucho las mujeres que van de "sexualmente empoderadas" seguras de sí mismas y con su propia autonomía sexual.

Sin embargo eso puede no significar que una mujer esté empoderada en sí misma y por lo tanto empoderada sexualmente. Muchas mujeres ante el aún yugo del machirulismo imperante tratan de complacer al hombre siendo, o aparentando ser, lo que gusta a los hombres.

Pero el verdadero empoderamiento de una mujer aparece cuando intimida.

Hoy te voy a contar porqué las mujeres verdaderamente empoderadas intimidan a los hombres. Acompáñame a mi laboratorio y husmearemos en las probetas del conocimiento.

 Si prefieres ver el vídeo de este escrito en lugar de leerlo, aquí lo tienes:

 

¿Qué es intimidar?

Eso es lo que primero te tienes que preguntar cuando hablo de que las mujeres empoderadas intimidan. Intimidar es meter miedo, suscitar ese miedo. Pero, ¿qué miedo?

Hay una palabra hermana a intimidar y es intimar.

Intimar significa etimológicamente "llegar muy adentro" en la intimidad, es decir, dentro de algo o de ti. Así pues, una mujer empoderada puede entrar muy dentro de ti, en tu intimidad, y ahí tienes dos opciones: o intimar o intimidarte.

Con tantos años de corrupción machista hemos tratado, por encima de todo, que las mujeres dejaran de intimidarnos. Para ello hemos creado la sumisión y el concepto de su inferioridad en nosotros, precisamente por ese propio miedo a la intimidad.  

Hemos tratado de crear mujeres que no nos intimidaran, es decir, que no nos llevaran a la intimidad, que no nos vieran por dentro, que no entraran dentro de nosotros, que no pudieran vernos, que no nos juzgaran, que se dejaran engañar desde la superficialidad, que se creyeran (o nos hicieran creer) que les colamos nuestras mentiras.

Y hemos basado muchos conceptos en esa superficialidad.

Hemos tratado de construir en la mujer una imagen simple, directa y fácil de leer. Las hemos querido alejar de la intimidad, a un espacio donde los hombres nos sintiéramos seguros, no invadidos, no cuestionados. Y así hemos creado esos conceptos que tanto nos gusta a los hombres: las muñequitas, las putonas, las pin-up, las madres, es decir, conceptos sencillos y clasificables en las que las clasificamos de forma cruel, desproveyéndolas de la verdadera complejidad humana.

Ninguna mujer encaja en esos conceptos, o cuanto menos no sólo en uno. Sin embargo, para poder conocer a una mujer de forma real habría que observarla. Es decir, intimar, entrar en lo íntimo.

El problema es que ahí perdería la propiedad de ser un objeto al que puedo cazar, haciendo valer simplemente mi valía como cazador. Que es básicamente eso lo que nos suele interesar: que nos definan como cazadores en función de la caza que soy capaz de poseer.

Eso denota simplemente la baja autoestima de la que solemos disponer, nosotros ¡o machos! Y además, si no fuera solo una presa, pasaría a ser uno más de nosotros y por lo tanto llena de complejidad, corazón, mente, cuerpo y espíritu.

¿Y qué ocurre si me encuentro en la cama con una mujer compleja?

Quizás me encuentro en una situación que no puedo gestionar ni dominar desde mi necesidad de cosas simples y sencillas.

Hay en nosotros, los hombres, una gran incapacidad. Y es la incapacidad de intimar.

Y esa es una dificultad que nos pasa factura a nosotros mismos, incapaces de ser íntimos con nosotros, y con el otro, ver en lo profundo de nuestro ser, reconocernos y sostenernos. Dentro de nosotros hay un niño no madurado, envuelto en conceptos simples para no destapar nuestra propia complejidad y sostenerla.

¿Qué gano si destapo la complejidad? ¿Qué ocurre cuando libero al niño? En los próximos vídeos te hablaré de ello. Si no te quieres perder mis vídeos, ¡suscríbete a mi canal!

Una mujer empoderada es aquella que saca a relucir su intimidad. Una que muestra lo que hay dentro. Es decir, todo aquello que sabe que puede intimidar al hombre: como su inteligencia, su fuerza, su emocionalidad, sus ideas...

Una mujer empoderada sabe que la única forma de relacionarse es a través de sí misma y no de una imagen estereotipada de "lo que debería ser para gustar". No busca ya gustar, sino intimar, es decir compartirse en lo profundo, bien para tomar un café, bien para tener sexo, lo que sea. Pero desde la intimidad, es decir, desde la auténtica sinceridad.

Sinceridad...

Es una palabra que también nos asusta en las mujeres porque parte de la intimidad. De la verdad de lo que piensa y siente.

¿Qué fascinante verdad?

Y sin embargo eso nos intimida y nos da miedo. Huimos de ese encuentro y entonces la mujer sabe que sólo ves su cuerpo y solo quieres relacionarte con sus tetas. Pero nada más allá, nada más adentro.

El sexo no es más que un símbolo de esa búsqueda de la intimidad, de ese "entrar en lo profundo", de ese "entrar en el otro".

Sólo se puede penetrar en lo profundo si uno está dispuesto a ser penetrado en lo profundo.

Y eso, eso es lo que más nos intimida a los hombres.

Perder el control de la situación, perdernos dentro de ella, confiar en el poder del otro, rendirnos a ese poder, dejar que urgue en nuestra intimidad desde su intimidad, que puedan entrar dentro de nosotros.

Nos pasamos la vida buscando roces sexuales y luego huimos del verdadero contacto sexual.

Una mujer empoderada no puede ser gobernada porque ya se gobierna a sí misma.

No busca un salvador, busca (si es que busca algo) un compañero de viaje con el que compartir lo íntimo.

No busca ser reconocida para obtener notoriedad pues se reconoce a sí misma.

No busca ser agasajada pues se agasaja a si misma.

No busca a su media naranja, es una naranja completa.

Y si busca algo, busca otra naranja completa, alguien que haya integrado su miedo a intimar.

Busca compartirse desde lo que es, no desde lo que tu quieres que sea.

La lástima de todo esto, y por lo que muchas mujeres renuncian a ese proceso tan maravilloso y sanador, es porque saben que es muy probable que las mujeres empoderadas se conviertan en mujeres solitarias. Pues nosotros los hombres, no estamos preparados para ser intimidados, ya que no queremos renunciar a nuestra soberanía y compartir la intimidad. Sólo somos capaces de desnudarnos físicamente y no nos desnudamos de ninguna otra forma.

Las mujeres empoderadas ya no fingen. Ya no sonríen cuando no están alegres. Ya no miran a un lado cuando algo no les gusta. Ya no tienen miedo a estar solas. Ya no tienen miedo a la soledad.

Durante mucho tiempo les hemos dicho que sin el hombre no son nada. Ellas ya no se lo creen, saben que pueden vivir perfectamente sin el hombre.

Y sin embargo, nosotros, seguimos buscando a la mujer florero.

Es una lástima. Preferimos a mujeres de plástico, que se aman tan poco a sí mismas que se convierten en lo que queremos de ellas y sin embargo las verdaderas mujeres empoderadas corren, viven, ríen, bailan, lloran, se enfurecen, aman... Y las miramos con temor, pues en el fondo sabemos que ellas están en el lugar que por derecho les pertenece y eso significa dejar el lugar que hemos ostentado como nuestro de forma fraudulenta durante años.

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