Un aguador tenía dos grandes tinajas que colgaban a los extremos de un palo que llevaba sobre sus hombros. Una era perfecta y siempre entregaba su carga de agua intacta al final del largo camino desde el arroyo. La otra, en cambio, tenía una grieta y, tras derramar parte de su contenido durante el trayecto, siempre llegaba medio vacía. Durante años, la tinaja perfecta se sintió orgullosa de su eficiencia. La tinaja agrietada, sin embargo, vivía atormentada por su imperfección y sentía una profunda vergüenza al creer que fracasaba en su propósito. Un día, al llegar al arroyo, la vasija rota no pudo más y se disculpó con el aguador: "Me siento miserable. Por culpa de mis grietas, el agua se escapa y tú no obtienes el fruto completo de tu esfuerzo". El aguador la miró con compasión, sonrió y le dijo: "Hoy, mientras regresemos a casa, quiero que te fijes en las orillas del sendero". Al volver, la tinaja prestó atención y se dio cuenta de que su lado del camino estaba lleno de flores silvestres, hermosas y llenas de vida, mientras que el lado de la tinaja perfecta era solo tierra seca. El hombre se detuvo y le explicó: "Siempre supe de tus grietas. Y en lugar de desecharlas, planté semillas a tu lado del camino. Durante todo este tiempo, sin darte cuenta y simplemente siendo como eres, has ido regando la tierra con el agua que perdías. Si no estuvieras rota, si no tuvieras esas heridas por las que te vacías, toda esta belleza jamás habría existido para adornar el viaje".
Estos articulos son las flores de mi Tinaja rota.
Creado por Gerard Castelló Duran con © systeme.io



